Realmente les ha tocado un tiempo
extraordinario. Caminan hacia la salida después de haber visitado la Tate Gallery,
cuando Alicia pregunta:
—¿Querés saber por qué no
vamos a Bruselas?
—¿Porque ya te has aburrido y prefieres
pasear a orillas del Sena comiendo croissant?
—No, no es por eso. —Ya empieza a notar cierto mal humor en Pere, pero no iba a decir
nada. Ya se lo diría él mismo cuando llegara el momento—. Porque no hay mucho para ver en Bruselas.
—Naturalmente, no como aquí
que no paramos de visitar sitios de the
liberator —la interrumpe irónico.
—No, quiero decir que en
Bruselas empezó su vida tranquila, ya tenía cuarenta y seis años y poco por
hacer más que leer, pasear, cuidar el jardín. Se fue a Bélgica porque era más
barato que Londres, solo por eso.
—Bueno, esas costumbres parece
que se mantienen: ¿20 libras una bufanda? —se habían detenido en la
tienda de souvenirs.
El teléfono de Pere vuelve a sonar.
Le hace un gesto, toma la llamada y sale al hall.
—Era Alex, nos invita a tomar
el té esta tarde. Le dije que sí.
Apenas llegan, la mesa ya está
lista con el té, galletas de manteca y una pequeña recopilación de datos que
había preparado Amy sobre las logias del siglo XIX.
“Por lo que pude averiguar —dice
Amy—, San Martín tuvo bastantes favores de los masones, especialmente de su
amigo Duff. Pasó en Escocia unos días, invitado por él, en su casa castillo de
la ciudad de Banff. Muy poco tiempo, pero alcanzó para que lo nombraran
ciudadano ilustre y cofrade de las hermandades. Luego regresa a Londres y, a
los pocos meses, se va a vivir a Bélgica. Ahí también tuvo un buen recibimiento
de la logia, hasta acuñaron una medalla con su perfil”.
—Se fue de aquí porque es
imposible vivir en Londres, antes y ahora, ya
entonces tenían unos precios de miedo —acota
Pere con gracia.
—Sí, por eso y porque no lo
recibieron en París, representaba un peligro para todos este hombre —completa Ali.
“Bastantes años la pasó mal con el
dinero —continúa Alicia—. Desde América no le giraban los sueldos prometidos y
en algunos momentos necesitó ayuda de los amigos. Vivió en una pequeña casa de
campo, en las afueras de Bruselas, pero viajaba seguido a Londres en donde se
reunía con otros americanos. Siempre buscando que Inglaterra reconociera a los
nuevos estados independientes.
”En Bruselas vive seis años,
primero con su hermano, Justo Rufino, que se había jubilado del ejército
español, es decir, los hermanos combatieron en ejércitos enfrentados, y luego
con su hija Mercedes. Ahí fue en donde escribió las famosas máximas para su
hija. Uf... en el colegio nos las hacen aprender de memoria. Son consejos para
la educación de la niña, que en ese entonces tenía ocho años. Le habla de amor,
respeto y cuidadas actitudes personales”.
—“Que hable poco y lo preciso” —recuerda
en español–. Es un poco machirulo ahora, pero absolutamente necesario en
términos generales.
Después de traducir, con la difícil
tarea de explicar el significado de “machirulo”, prosigue:
—Durante todos esos años, él
siempre estuvo atento a las noticias del sur, esperando que las luchas internas
terminaran.
—La historia es una puta lucha
por repartirse el trozo más grande del pastel —sentencia Alex y continúan con el té con, otros temas acompañando de fondo.