El vuelo sale con demora, por lo
que Pere llega tarde a Barcelona. No había avisado a nadie, lo haría en la
mañana cuando pudiera acomodar un poco las piezas. En la puerta de su casa se
cruza con la vecina de abajo justo cuando ella sale apurada para una fiesta o
algo por el estilo. Ni se detiene a preguntar por Alicia, solo le sostiene la
puerta y se va entre risas.
Parado frente a su puerta, por más
que revisa cuatro veces todos sus bolsillos y la valija, no encuentra la llave.
Toma el teléfono y le escribe: “Parece que sigo con el karma de las puertas
cerradas. ¿Me he dejado allí mis llaves?”.
Alicia no puede evitar sonreír.
Estaban sobre su mesa de noche, ya las había visto, se alegra de que las
necesite esa misma noche. Blanca no había ido a recogerlo. Responde: “Están
aquí. La vecina de abajo tiene copia. Nuestra puerta no tiene placas
conmemorativas. Tal vez algún día”.
No es necesario decirle que tiene que
usar otro plan. Busca responder con algún ícono gracioso de wasap, que no
encuentra, así que le envía un “Buenas noches” al que le borra el “soy un
imbécil” hasta estar totalmente seguro.